Columna

Recibimiento

Hace 6 meses volví a esta calle Degollado. Cuando llegué en el camión de línea, sólo tenía claro lo siguiente: regresar a este cuarto y volver a percibir el movimiento de la ciudad desde el segundo piso. Quizá eso sólo ha sido un intento por detener el tiempo. Aunque no soy tan viejo, puedo decir que ya no soy ese adolescente que regresaba de la fábrica con el ánimo intacto para leer hasta la madrugada. Ahora dicha ingenuidad ha desaparecido, el mundo es un poco más pequeño, un poco más insignificante. Es probable que por ello he dejado de escribir o de pretender ser poeta (qué estupidez, ahora lo escucho y suena terrible), y es probable que ahora por eso me conforme con redactar estas páginas. Seguir leyendo

Columna

Your life is your life

Por primera vez en mucho tiempo he salido a buscar empleo. Me levanté de la cama, ese viejo mueble que no me pertenece, y me puse a revisar mis papeles y mis ropas. Abrí el armario como si en él quisiera encontrar alguna respuesta. Moví los ganchos colgados en el travesaño como si removiera distintas edades de mi vida. No encontré nada interesante; encontré solamente una especie de olvido que se resiste a ser erradicado, a dar paso a otro tipo de existencia. Seguir leyendo

Poesía

La Plaza

Situada en el justo centro del silencio necesario, a la distancia media entre la vagancia y el deseo: la plaza y su iglesia coronaria. La plaza con su cuadrada medida de árboles – que sin contarlos deduzco la centena-, y que de bancas se llena como de viejas habituadas a pasar la tarde bajo la tela porosa del sol y de la sombra. La plaza aparece de pronto escondida entre calles desiertas de personas y enormes casas. Un pequeño bosque, tan pequeño que sorprende, como encontrar un pozo de agua entre la abundancia de la selva. La plaza, antes de continuar con generalidades, no es una plaza sino dos: la plaza de día y la de noche.

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Columna

Escribir poesía

La pregunta no es fácil: ¿Qué significa escribir poesía en estos tiempos? Y he de decir no sólo en estos tiempos sino ¿en este país?

Ocasionalmente pienso que escribir poesía, o cualquier género literario, simplemente escribir y leer como lector audaz, es ya en sí mismo algo extraordinario para un país de asombroso analfabetismo real y funcional. La mayoría de mis amigos, familiares y conocidos –sin afán de reclamo- no han leído más de tres libros en su vida, y son profesionistas, algunos hasta con posgrado. Es decir, no han leído más de tres libros que no sean parte de los estudios que han realizado.

Pero más allá de ese juicio subjetivo y parcial, observar la radical importancia del problema: se lee poco, menos literatura, no existe el hábito ni entre los jóvenes, ni entre los profesionistas, ni aún cuando llegan a niveles de educación altos.

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