Columna

Rancio descollado caballero

Hay momentos en que pienso en la cantidad de fantasmas que pululan en México. Desde (los más recientes) el grupo de 43 estudiantes, siguiendo con la centena de millar del sexenio de Calderón, viajando a través de los centenares de muertas en Cd. Juárez; pasando al ir más hacia el pasado por clérigos y candidatos (El cardenal Posadas, el de Colosio que vive aún), ilusiones de elecciones fallidas, indígenas (Acteal) y universitarios (La matanza olímpica de Tlatelolco 68) hasta llegar a aquellos muertos de las luchas históricas (revolución, independencia y conquista). Muertos que regresan, que nos acechan, que aparecen en billetes, en pintas, en nombres, en actitudes y comportamientos. Quién no ha visto a alguien llorando en un árbol a lo Cortés, a un (o una) Malinche tratando de ligarse desesperadamente a la inglesa o francesa de intercambio (solo por ser extranjeras), quien no ha escuchado a un político “Peje” de tan mesiánico y sobre todo quién no ha visto a alguien actuando exactamente igual a Don Chingón. Seguir leyendo

Cuento

El conserje

Sí, usted era muy hermosa. Aun teniendo al joven Guillermo entre las piernas no dejaba de ser extraordinariamente hermosa. Su cabello era negro y le caía en capas con mucha gracia sobre los hombros. Por las noches todavía recuerdo cómo le ondulaba sobre las mejillas mientras andaba de un lado para otro en la oficina del periódico. Se escuchaban los tacones de sus pequeños zapatos ir y venir con gracia del despacho del licenciado a la cafetera o a la copiadora. Yo la escuchaba y no podía evitar sonreír de ternura debido al aroma que dejaba a su paso. Su rostro me recordaba al de una virgen: su sonrisa luminosa, sus ojos de niña, con toda la vida por delante, con todas las ilusiones, con todo el amor por delante, y su voz clara y cálida. Usted le daba vida a mi trabajo. Me daba la alegría suficiente para continuar con él. Seguir leyendo