Alfredo Loera

COLUMNA

Por Alfredo Loera

Columna

Nocturno de la alcoba o de cómo no entender un poema

El miércoles 27 de abril de 2016 a las ocho se presentó la última obra del Primer Foro Escénico de La Laguna, la cual fue escrita por Mario Cantú Toscano y dirigida por Rikardo Bugarín. La asistencia fue buena, hubo lleno, y no era para menos pues se había comentado que después de la función se daría un brindis de honor para el cierre de actividades que se dieron durante la semana.

La primera pregunta que se me viene a la mente después de haber asistido a esta función es ¿cuáles son las condiciones en las que se escribió esta pieza? Lo pregunto porque he tratado de comprender la causa por la cual está tan mal escrita. La verdad es que la dramaturgia de Nocturno de la alcoba es una aglutinación de temas falsamente desarrollados, con demasiados clichés como para que alguno de sus personajes sea verosímil (ni siquiera lo son en el tono fársico). Pienso que lo más probable es que ésta haya tenido su origen en algún juego, digamos un jam de dramaturgia, en el que la urgencia y el divertimiento fueron las principales motivaciones para reunir tantas fallas. Si ese no es el caso debo pensar que definitivamente Cantú Toscano nos está tomando el pelo.

Creo que en algún punto la obra fluye, digamos especialmente cuando ya hemos saltado toda la parte de la religión y el cliché de la pederastia, y de que Gabriel (Jesús Ernesto Ruiz) se ha casado con una mojigata llamada Estela (Mildred Torres) y del reencuentro con su exnovia de la preparatoria Sofía (Alma Alejandra García). Resulta que Gabriel desde muy joven estuvo en un taller literario y que con el paso de los años se ha convertido en un crítico de cine muy prestigioso (por cierto usa un seudónimo), también resulta que su exnovia a su vez se ha convertido en una famosa escritora que (cosa curiosa) del mismo modo usa un seudónimo, lo mejor de todo es que (¡claro!) los dos por alguna intuición poderosa escondida en lo más profundo de sus corazones sabían que quienes escribían esas críticas y esas novelas y obras de teatro no podían ser otras personas más que ellos dos. El destino los había reunido. En este punto me sorprende la concepción del escritor en esta obra: me recuerda en gran medida un programa de La Rosa de Guadalupe (yo veo de todo) que me aventé mientras me cortaban el pelo en una estética.

Pero como decía, hay momentos en que la obra fluye (como incluso lo hacen algunas telenovelas), especialmente cuando ya hemos pasado por todas estas explicaciones burdas de los personajes. La obra batalla mucho para darnos a conocer los motivos de los mismos. Tenemos que presenciar varias escenas sin mucho significado (la mayoría de ellas cursis) para ver por qué Gabriel es un hombre tan trastornado. Vemos cómo desde su infancia un sacerdote abusa de él (cliché, de los clichés), cómo en el kínder una compañerita le hace ver lo violento que son los niños, cómo su madre sádica mata a un ratón. De ahí se deriva que Gabriel es un hombre que ha vivido en tremenda violencia y que eso le genera llevar una vida desdichada. El problema de la obra no es tanto la anécdota ni el hecho de que pareciera que internamente trate de criticarse a sí misma (Gabriel en una escena habla de lo mala que es una obra de Sofia y pareciera que está hablando (como si fuera Hamlet o Don Quijote) de la misma obra que lo contiene), ese no es el problema y no sé por qué la obra muestra esa ansiedad, el problema está en cómo nos lo muestra; en ese aspecto considero que el tono de la misma falla, pero en esto no quiero culpar solamente a la dirección, sino que desde el texto no está bien definido. Todos estos problemitas desde la farsa quizá habría funcionado un poco mejor, pero el texto los plantea como de suma importancia y eso deja a los actores solos en el escenario, porque son ellos los que tienen que actuar en tono realista un sin número de clichés que lo único que hace es acércalos a nuestros queridos amigos actores de Televisa. La diferencia es que mi querido actor de Televisa sabe que está haciendo telenovela y que la actuación estará en tono realista aunque las acciones sean fársicas, lo cual hace del espectáculo algo grotesco; pues bueno el actor de Televisa dirá: bien vale esta actuación grotesca esos miles de pesos que me embolso, pero qué podrán decir nuestros actores laguneros, ¿bien vale hacer esta obra que no tiene ni pies ni cabeza? Pero vuelvo a decir no quiero echarle toda la culpa a la dirección, ni a la actuación, sino es el texto el que los ha metido en este callejón sin salida.

Pero hasta eso la gente se rio de las payasadas de Chope (Juan Emmanuel Carrillo), el amigo de Gabriel. No sé si este personaje estaba en la dramaturgia original, pero me parece en exceso inmediatista, el humor es demasiado facilón, y pues claro la gente se rio. Ahora bien, no estoy pugnando por un teatro sesudo y serio; en un texto anterior comento que agradezco que alguien haya intentado hacer clown. Yo para nada quiero un teatro a la Wagner, pero si el público va a pagar un boleto por algo que puede ver de manera gratuita en la televisión, ¿cuál es el caso de hacer teatro? ¿Qué no queremos mostrar algo diferente a la gente? ¿Qué no queremos un público lúdico y crítico a la vez? Si ese no es el caso entonces considero que hemos perdido la batalla de la contracultura, de la contracorriente que los teatreros y artistas en general tanto enarbolan; en otras palabras, Eugenio Derbez es mejor.
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Y es que, discúlpenme, pero esa es la verdad. La gente se rio, sí la gente se rio, pero porque se le dio más de lo mismo; por otra parte, si tomamos a la gente como única medida para ver si la obra es buena o mala, tendríamos que decir que cuando la función finalizó, cuando hubo el oscuro, la gente de nueva cuenta se quedó confundida; nadie aplaudió, el público no pudo interpretar si ya se había acabado o no la puesta, y eso vuelvo a repetir es un defecto, ya que el espectador no sabe qué está pasando, no se crea la sensación de final en todo el disparate que se está mostrando. Y bueno lo de la pistola también es un cliché y desde que salió como veinte minutos antes del final ya se sabía que Gabriel iba a matar a Sofía, entonces ni siquiera hubo sorpresa, sino la obra se convirtió en una espera de ver cuándo iba a sacar la pistola para matarla: cuando lo hizo, ya no tenía ningún significado, más que el de decirnos que ya mero se acaba todo. Pero el problema mayor es el tono realista en algo completamente ridículo.

En fin, no puedo censurar lo que con los ojos la mayoría de los espectadores me hicieron ver que pensaban de la obra durante el brindis. La gente salió cansada, porque también la actuación al final se volvió cansada, como si los actores mismos se hubieran dado cuenta que se había alargado mucho, entonces (como alumnos de preparatoria) solamente corrieron las escenas, pero no las actuaron.

Para finalizar, la obra tiene su origen en un poema homónimo de Xavier Villaurrutia, en el cual se habla de la muerte. Durante toda la obra se comentan los primero versos (a la manera de Christopher Nolan en su película Interestelar con el poema Don’t go gentle into that good night, de Dylan Thomas). En ese aspecto creo que está completamente descontextualizado. Se nos dice que la muerte toma la alcoba que nos contiene y que por esa muerte los amantes se unen a pesar de todo. La muerte que Villaurrutia desarrolla no es la muerte como violencia, es decir no es la muerte sin significado. Villaurrutia elabora el ser para la muerte y en el ser para la muerte está el encuentro de los amantes; es decir, sigue la tradición de Rilke. Me parece completamente ingenuo que el dramaturgo no comprenda esto. De ahí que la obra no pueda ni siquiera parodiar.

Alfredo Loera

Alfredo Loera

Alfredo Loera (Torreón, 1983) es Maestro en Literatura Mexicana por la Universidad Veracruzana. Inició sus estudios de literatura en la Escuela de Escritores de La Laguna. De 2009 a 2011 fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas. Publicaciones suyas han aparecido en revistas como Casa del tiempo, Círculo de poesía, Fundación, Pliego 16, Ad Libitum, Este país, Siglo Nuevo. Sus libros son Aquella luz púrpura, (2010, 2017, 2023); Wish you were here, (2019, 2023); Guerra de intervención (2022), disponibles en Amazon como ebook o libro impreso.