Ignacio Garibaldy

COLUMNA

Por Ignacio Garibaldy

Columna

Estepa de apocalípsis (segunda parte)

Los autores incluidos

Es urgente elaborar una ética del curriculum vitae para determinar los axiomas que nos permitan incluir y omitir los estudios realizados, las obras publicadas y los datos biográficos en una ficha curricular.

Pienso que esta disciplina emergente le serviría sobre manera al editor de la revista Estepa del Nazas, por dos razones: la primera, porque lo obligaría a ser democrático e incluyente, y a tener un criterio uniforme.

Es que, de los 17 autores que fueron incluidos en el número 61 –el que apareció luego de tres años de silencio-, 3 no tienen ficha curricular. Me di cuenta porque estaba yo leyendo Me dueles suave patria, y quise conocer algo más de José Cháirez, autor del deficiente poema, para saber si era un novato o un poeta de mayor trayectoria. Pues no pude hacerlo. Tampoco pude saber si Ligia Macías y Pablo Astorga, eran africanos, aliens, naturales de Torreón, Gómez Palacio, o Lerdo.

En el mismo tema, el editor se vería obligado a decirle al escritor que no es necesario consignar todas las obras que ha publicado porque quita espacio a otros, como creo que sucedió con los tres anteriormente mencionados.

Por cierto, tengo la ligera sospecha de que el editor no es Saúl Rosales, aunque la revista lo ponga de manifiesto, sino alguien muy distraído. Si fuera Rosales, jamás habría olvidado incluir las fechas de sus tres últimos libros: Reseñas y señales de narrativa y poesías laguneras (2015), Jales sobre el habla lagunera (2014), y Teatro en la Laguna 1982-1992 (2013), en su propia ficha curricular.

La segunda razón por la cual conviene realizar congresos filosóficos sobre la ética del currículum vitae (ya le puse acento porque ahora lo escribí en español), sería para dar respuesta al siguiente dilema: ¿qué le otorga más prestigio a un escritor, el currículo o la obra en sí?

Si ponemos por ejemplo a Juan Rulfo, es obvio que su obra –dos libros-, le otorgan una importancia incomparable en la historia de la literatura en México y en el mundo. Si cursó los parvulitos en su tierra natal o en el Centro Mexicano de Escritores, de momento nos parece un adorno ante la magnificencia de Pedro Páramo y de El llano en llamas.

Con los autores esteparios del número 61, ¿debería hablar por sí misma el cuento, el poema, el ensayo, el fragmento de novela, que presentan, más que el decir que han publicado por allí y por allá?

Yo opino que debe ser la obra antes que el currículo, aunque éste le dé prestigio al autor. Es algo que compartimos todos los integrantes de la revista registrosdevoz.com, tanto que nuestras fichas curriculares son escuetas, breves, parcas si usted quiere, pero, a fin de cuentas, funcionales para lo que pretendemos.

¡Y eso que nos costó un chingo terminar la preparatoria, los diplomados, la licenciatura, la maestría, una segunda licenciatura, y en caso de algunos, el doctorado! ¡Y nos cuesta el chingo más el escribir algo de valía!, lo cual estamos buscando, cada ocasión que hacemos taller y que trabajamos en casa.

Pero decía que una ética del currículum vitae le serviría mucho a los estepanazarios, no sólo al editor sino también al escritor. Cada uno de ellos sabrá qué incluir en las fichas curriculares, por supuesto. Estoy de acuerdo con que nos informen sobre los cursos que han realizado, sus publicaciones, su lugar de residencia, pero que no concuerdo en que nos refieran a trivialidades absurdas.
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Por ejemplo, Patricia G. Berumen quiere presumir que “inició su actividad literaria a los trece años, escribiendo poemas breves”. No estamos seguros que ella sea un prodigio como Mozart. Entonces, ¿para qué decirnos que en su pubertad, en lugar de andar ligando con sus compañeros de secundaria, se puso a escribir poemas breves?

Esto se vuelve más risible cuando nos dice que “es autora de doce cuentos y más de treinta poemas”. Según mis cálculos, Patricia G. Berumen debe tener 38 años. ¿Y sólo tiene treinta poemas y doce cuentos?, ¿no que escribe poesía desde los trece?, ¿qué hizo desde la cándida pubertad hasta la maldita madurez?, ¿sólo doce cuentos y treinta poemas?

¿De cuándo a acá se volvió de importancia literaria decir que uno escribió tantos libros que no se han publicado? Es como decir que yo soy un cuasi colaborador de la Estepa del Nazas, pero que mi obra no salió porque Saúl Rosales no pudo bajar el archivo de Word en su computadora (en el 2005 o en el 2006 no era fácil descargar un archivo por las diferentes versiones de Word).

Hablando de materia de importancia literaria, las “otras actividades”, frase indeterminada y equivoca, a las que se dedica Daniel Maldonado, ¿lo hacen mejor escritor?, ¿son ilícitas tales actividades?, ¿qué nos importa si tiene hobbies, adicciones, afecciones?, ¿qué tan literarias son?, si son literarias, ¿por qué no las enumera?

Eduardo Serna López, nacido en Torreón en el 89, médico de la gloriosa casa de grillos, UA de C, tiene a bien manifestar que es “lector de poesía y oyente de música clásica”. Pues yo leo los letreros de los camiones, y soy oyente de la cumbia que ponen a todo volumen los choferes. Nomás dejen que publique mi segundo libro para ponerlo en la solapa porque, según la lógica de Serna López, eso es curricular.

Y en la lógica de Manuel de Jesús Yáñez Tamayo es de destacar sus participaciones en el premio Valladolid a las letras, y recibir por ello una constancia. Es como si yo pudiera poner en la solapa de mi segundo libro, cuando lo publique, que me he sacado un millar de veces el “gracias por participar” en las tapas de refrescos.

Tales actitudes deben descartarse. Debe entonces, imponerse una ética de la cual, de momento, puedo enumerar los primeros axiomas para su posterior análisis.

Primero: No poner trivialidades. Que nuestros biógrafos futuros, desde la óptica de un voyerista, descubran los más íntimos detalles de nuestra vida, así como lo hace Vargas Llosa con Flaubert en La orgía perpetua.

Segundo: Entender que en ciertas circunstancias es benéfico eliminar algunos puntos del currículum. Lo conveniente sería enumerar lo más destacado o lo más reciente, cuando eres el mayor poeta de La Laguna, igual que cuando apenas inicias y que ésa es tu primera publicación.

Tercero: No mentir. Recordemos que vivimos la era de la información, que es muy fácil acceder a la Fundación para las Letras Mexicanas y preguntar si realmente estudiaste allí; y también saber si terminaste la preparatoria; y si en realidad terminaste el curso o diplomado que mencionas; y también si te estás haciendo pendejo y no quieres mencionar que estudiaste, gratis durante dos años, el Diplomado en Creación Literaria de la Escuela de Escritores de la Laguna.

Yo creo que no pido demasiado. Sobre todo si pienso que a veces, el escritor exige que en el gobierno existan los perfiles adecuados para el cargo que se desempeña. No veo por qué ha de ser distinto en literatura.

Esta sería mi ponencia en el imaginario congreso de filosofía de la ética curricular literaria, el cual propongo realizar nunca, porque lo que verdaderamente propongo, exijo, requiero, y no solamente yo, sino toda la sociedad, es que simplemente seamos sinceros.

Ignacio Garibaldy

Ignacio Garibaldy

Licenciado en Filosofía. Dramaturgo egresado del diplomado en creación literaria de la Escuela de Escritores de la Laguna. Becario del FECAC en la categoría de jóvenes creadores (2006-2007). Autor de Tres tristes vírgenes (U.A. de C. Siglo XXI. Escritores Coahuilenses. Cuarta Serie. 2011). Ganador del Premio Nacional de Dramaturgia de obra de teatro para niños, niñas y jóvenes Perla Szchumacher 2022 por la obra La voz de la tierra roja.