Ensayo

México duplicado

Hace unos meses encontré este archivo que redacté hace once o doce años, cuando apenas comenzaba a escribir, a la edad de 23 (se nota la influencia de Fuentes y Paz. Acababa de subir Calderón al poder). Durante estos meses de relectura no he sabido qué hacer con él, nunca pudo ser publicado en ningún lado. Ahora que lo reviso quizá con ojos más críticos, creo que todavía es vigente, a pesar de todo. Comparto el texto íntegro y sin correcciones de ningún tipo.

Nuestro pueblo a largo de la historia ha buscado autodefinirse. La gran pregunta del mexicano es: ¿Hacia dónde voy y de dónde vengo? La respuesta es muy compleja. Octavio Paz[1] habló en varias ocasiones acerca de esta peculiaridad mexicana. Citando a Germán Dehesa, “Lo único que encuentro realmente original y particular en los mexicanos es su incidencia en preguntarse en qué consiste ser mexicano”[2]. Actualmente, entrado el siglo XXI, en plena modernidad, o post modernidad como algunos otros autores se refieren al periodo en el que vivimos, México no ha encontrado su identidad, no ha acertado en configurar una autenticidad que sea incluyente de todos los sectores de la sociedad. En la Conquista arribaron masas de diferentes partes del mundo, y durante la Colonia se mezclaron, creando una nueva gama de grupos sociales, dándole a México la característica de ser una de las naciones más heterogéneas del mundo. No sólo en cuestión de razas, sino también en la psicología de los individuos. México aún está atrapado en esta búsqueda del ser, mientras que otros países como Estados Unidos por citar alguno, desde hace mucho tiempo se planteó sus orígenes y su futuro. El no habernos definido claramente, ha ocasionado entre otros fenómenos el subdesarrollo económico y social de México. Se han imitado modelos incompatibles a nuestra esencia y realidad, resultando ser errores nacionales. A pesar de los tragos amargos que nos ha dado la historia, parece que no hemos aprendido las lecciones. Se ha mantenido la tendencia de trasladar acciones de otros países a nuestro contexto, sin evaluar las consecuencias, enclavando a México en un círculo vicioso que no nos permite desplegar nuestro potencial como pueblo. No es falsa la frase que dice: “Hay que saber de dónde venimos para saber a dónde vamos”.

El siglo XIX se caracterizó por ser una etapa en donde predominó la anarquía, hubo grandes luchas encarnizadas por el poder. Para ser más claros, los liberales contra los conservadores. Al revisar los sucesos que ocurrieron en estos años, se puede verificar que existieron varios golpes de Estado, era común que el presidente que gobernaba no era el que tuviera más votos o el de mejores ideas, sino el que tuviera mayor número de tropas, el que tuviera una mejor estrategia militar, y el que matara a todos sus posibles enemigos, para que estando en el poder no tuviera que lidiar con levantamientos armados. Existían dos proyectos importantes de nación, los cuales eran totalmente opuestos. Por un lado, los conservadores eran los que querían mantener el status quo, pretendían un gobierno centralista, monarquía católica y era básicamente de inspiración española. Eran fuertemente apoyados por la Iglesia, ésta deseaba mantener el poder que adquirió durante la Colonia y la Independencia. El clero apoyó fuertemente el movimiento de Independencia, por varias razones entre las que figura la expulsión de los jesuitas a mediados del siglo XVIII, por designios de la Corona Española[3]. Muchos autores han planteado que sin la Iglesia el movimiento de Independencia nunca se hubiera consumado. Era evidente que después de haber soportado cambios tan trascendentales como los ocurridos desde 1810, no iba a permitirse reducir su poder en la Reforma. Por esta razón, al verse amenazada por las propuestas juaristas, estuvo del lado de la facción conservadora. Los liberales por su parte, fuertemente influenciados por las corrientes europeas de modernidad, concretamente por Francia y Estados Unidos, buscaban que México entrara al progreso a pasos agigantados.

Liderados por Benito Juárez, los liberales pretendían implantar las leyes europeas y norteamericanas. Este grupo, a pesar de la guerra que despojo a México de la mitad de su territorio, admiraba las instituciones y los modelos económicos del vecino del norte. Se pretendía comprar un traje a la medida para el país, se planteó que el camino por el cual México alcanzaría la modernidad sería mediante la imitación de estas instituciones y modelos económicos de las citadas naciones. Al final, los liberales fueron los que resultaron victoriosos, se implantaron estas ideas. Definitivamente la Reforma ayudó mucho en la evolución del país, sin embargo, el objetivo que trataba de conseguir resultó quimérico. Las revoluciones de los países industrializados, fueron en gran medida causadas por el desarrollo social: la Revolución Industrial y la cimentación de la clase burgués; el siglo de la Ilustración, los iluminados y la imprenta, etc. Considerables adelantos sociales y tecnológicos permitieron a estos pueblos llegar al consenso general de cambiar el status quo. No más monarquía en Francia, mejor una república. A su vez en los Estados Unidos, se unificaron las colonias con la conciencia de crear una nación nueva. Sin embargo, en México no existió el siglo de la Ilustración. Se quiso dar un salto en una sola generación, mientras que requirió de muchas muertes y siglos de aprendizaje para los países desarrollados. Y este fue el mayor fracaso de la Reforma. Los cambios liberales no sucedieron hasta muchos años después, en el Porfiriato de manera adúltera, y cuando se consumó la Revolución de 1910, la sociedad mexicana sencillamente no se encontraba preparada ni económica, ni social, ni políticamente para absorber el modelo liberal. No hubo un ajuste. El rezago en educación era gigante, la mayoría de la población incapaz de leer y escribir; es de entender que no se comprendieran las nuevas leyes. La destrucción de la propiedad comunal en vez de crear un ambiente propicio para el desarrollo económico fue todo lo contrario. La sociedad en extrema pobreza y sin noción de la propiedad privada no pudo aprovechar las nuevas circunstancias que se le presentaron. No tenían herramientas, ni recursos materiales, ni financieros para hacer la tierra productiva. Según Andrés Webster, “Querían atraer al indio al seno liberal, mediante la pérdida de su identidad”[4]. Existieron abusos. Las clases bajas, si antes estuvieron marginadas, ahora estaban más. La Ley Lerdo en su ideología pareció ser correcta, sin embargo, el hecho de repartir las propiedades de la Iglesia trajo como consecuencia una desestabilidad en la base económica del país. No se previó cuales serían las secuelas de implantar las nuevas políticas. Estas propiedades eran relativamente bien manejadas por la Iglesia, los indios y mestizos que las trabajaban eran de cierta forma tratados con libertad, mas cuando se hizo el reparto, éstas no cayeron en manos de los pobres, ni de la gente del pueblo, sino que cayeron en manos de especuladores que no buscaban la productividad sino beneficio propio y a corto plazo. Además que mayoritariamente eran extranjeros. [5]

El porfirismo fue una etapa de contradicciones. La Reforma consolidó una nueva clase burgués, derivada primordialmente del reparto de tierras. Las nuevas circunstancias requerían establecer un orden. No más anarquía, era lo que los nuevos grupos privilegiados reclamaban; las ideas liberales por las que tanto se había luchado de un momento a otro ya no eran tan favorables. Se necesitaba ponerle un alto a estas ideologías, el refugió se localizó en el positivismo. La burguesía, como varios autores lo constatan, descubrió la filosofía de Comte y Renan, Spencer y Darwin. Sin embargo, el positivismo y evolucionismo de estos autores fue emanado de sociedades distintas, causando una falta de congruencia entre la sociedad y las ideas que se pretendía seguir. Según Leopoldo Zea, “El positivismo, aunque de origen ajeno a las circunstancias mexicanas, fue adaptado a ellas y utilizado para imponer un nuevo orden”[6]. Un orden forzado, un orden autoritario, en donde la sociedad se sintió asfixiada; fue aprisionada en un traje que le ajustaba ahorcándola. A final de cuentas el pueblo reventó. La clase burgués al importar estas doctrinas vino a representar la aristocracia feudal de la Colonia, nos aclara Paz[7]. El positivismo acabó con la anarquía, le dio a México la oportunidad de comenzar un desarrollo. La modernidad que buscaban los liberales de años anteriores pudo empezar a gestarse. Pero con un alto costo: la desigualdad. Modernidad sin democracia: creando el sistema latifundista del Porfiriato. Nuevamente el gobierno se olvido de la nación y sólo vio por los intereses de los terratenientes y extranjeros, que principalmente se interesaban por las exportaciones y no por el crecimiento del mercado interno, induciendo a la población a la pobreza. El positivismo buscaba el avance nacional, argumentaba que las clases altas merecían tal posición porque habían demostrado ser las más aptas. Se valía de decir que asimismo se eliminaría a los individuos improductivos y menos útiles para lograr el progreso. De esta manera la aristocracia vivía en el supuesto de ser un ente de evolución. Paz nos recuerda.

“Estos grandes señores amantes del progreso y la ciencia no son industriales ni hombres de empresa: son terratenientes enriquecidos por la compra de los bienes de la Iglesia o en los negocios públicos del régimen.”[8]

La realidad mexicana estaba lejos de ser la misma de Europa, las doctrinas del positivismo, para ser eficaces, requerían una cultura de libre empresa, democracia y libertad de expresión, entre otras. El Porfiriato carecía de esto. Según Carlos Fuentes, debido a todas las injusticias y reclamos surgidos de las políticas represoras, “…la sociedad había rebasado al Estado y éste lo ignoraba.”[9]

Después de la Independencia, México ha seguido la misma tendencia que siguieron los liberales y progresistas. Se copian modelos una y otra vez. Pero estos modelos al no ser consecuencia de nuestra evolución, tienden a no quedarnos. Planteé los casos de la Reforma y el Porfiriato para puntualizar este hecho. Las razones por las cuales nuestra nación parece no encontrar su esencia, y a partir de ahí desenvolverse en los distintos ámbitos la integran, son difíciles de definir. Existe una maraña histórica que no nos permite ver con claridad cómo fue que llegamos a este punto. Siendo una nación con muchas ventajas, geográficas, sociales, culturales, incircunscritas en el desarrollo como nación.

No se ha definido un punto de inicio de la historia mexicana, algunos autores apuntan que ésta inicio en la prehistoria, cuando se asentaron los primeros grupo humanos en la zona geográfica que abarca México. Otra corriente afirma que la historia mexicana comenzó al finalizar la guerra de Independencia. Sin duda el no haber marcado un paraje de partida ha nublado satisfacer la pregunta: ¿Cuál es nuestro origen? Se han escrito un sin numero de textos refiriéndose al tema. Octavio Paz explicó, que la historia de nuestro pueblo es muy compleja y no existe una evidencia considerable para decir exactamente en qué momento se inicio. Es una combinación entre los pueblos mesoamericanos y la llegada de los conquistadores españoles. No se pretende decir que durante la colonia se dio una especie de gestación histórica, sino que no existe un periodo en el que se pueda visualizar el origen de México. El hecho de suprimir alguna de las etapas de la vida nacional significa mutilar la perspectiva amplia de la misma, perdiendo contexto e información que nos conciba entenderla completamente. ¿A que nos lleva toda esta reflexión? Según Teresa Maya Sotomayor:

“… los países que no definen su historia se pierden entre las propuestas de las culturas dominantes, pues son incapaces de defender lo esencial frente la insistencia de lo accidental.”[10]

México en ocasiones ha perdido su contexto histórico, en gran medida por la divulgación falaz de la historia oficial que se enseña en la gran mayoría de las escuelas del país, en donde se distorsionan los hechos y personajes. Se busca a toda costa exaltar a los héroes y villanizar otras personalidades, que si se analizan objetivamente se observará que tuvieron sus luces y sus sombras. Como casi todos los hombres y mujeres reales que han existido. Carlos Fuentes dijo “no ha habido un héroe con éxito en México. Para ser héroes han debido perecer”[11]. La neblina producida de estos factores ha dificultado precisar las condiciones de la fundación de México, haciendo que la dirección del país a lo largo del tiempo no haya sido la mejor.

México es un ente dialéctico, es el resultado del choque de dos formas distintas: La civilización mesoamericana y la civilización española. Al pensar en nuestra naturaleza se debe tener en cuenta las dos, el hecho de negar una, es negarnos a nosotros mismos. Se viene a la mente la frase de Carlos Fuentes “lo Cortés no quita lo Cuauhtemoc”[12]. Y aun más complejo es este tema, creer que alguna parte de nuestra historia sólo incide en algún sector es algo erróneo. La historia mexicana incide en todos los mexicanos. La discriminación indígena no esta excluida de afectar la historia de los sectores altos de la sociedad, que se podría pensar están exentos de los efectos de estos problemas. De todas las colonias españolas, México fue la única que sintió el pasado prehispánico como algo cercano. En Sudamérica este pasado se presenta como algo ajeno a la entidad nacional. Los criollos de la independencia, según Mario A. Vázquez Soriano, tomaron a las civilizaciones prehispánicas como base para “construir y promulgar”[13]. Citando a Héctor Aguilar Camín “la idea de una nación original mexicana que pudo subsistir intacta, a trescientos años ilegítimos de castigo colonial y reapareció, libérrima y vengadoras, en la Independencia de 1810”[14]. Es decir, los criollos consideraron el pasado prehispánico para legitimar el movimiento, sin embargo, pensaron que ese pasado sólo les partencía a ellos, como minoría. El indígena contemporáneo de la Independencia no fue tomado en cuenta, manteniéndolo en la miseria de la misma manera que a lo largo de la Colonia. El negar este pasado como propio de la totalidad del país causó la desigualdad. Los criollos olvidaron la gran mayoría pobre. Volviendo a la etapa reformista, Octavio Paz, nos clarifica que México se negó a sí mismo tres veces[15]. Nuestra nación negó su pasado azteca, negó su pasado español, y negó su pasado católico. Quiso reinventarse de la nada, sin darse cuenta de los resultados y atrasos históricos que acarreábamos. Es imposible que un país, como lo es para los individuos, cambie su ser por otro. Sin nos refugiamos en la filosofía aristotélica descubriremos que la esencia no se puede cambiar, solamente el accidente. En este análisis podemos caer en la cuenta que fuimos influenciados en nuestra cultura por dos pilares, definibles a simple vista: el legado mesoamericano y el español. Mas, la historia no es algo estático, ni que permanezca constante, por el contrario es dinámico. El siglo XX fue de grandes cambios y sobrellevó muchas más sacudidas causadas por fenómenos de toda índole, posiblemente en mayor cantidad que todo lo que pasó en épocas pasadas. Todos los cambios surgidos en este periodo, trajeron el efecto de globalización. Cada vez nuestro país es influenciado por las culturas de todas partes del mundo, inclusive más que los dos pilares que citamos arriba. Por eso en la complejidad de nuestra nación, actualmente tenemos que añadir el legado universal. Recurriendo nuevamente a Octavio Paz, México nunca fue tan presente y significativo al mundo como lo es ahora[16]. Teniendo en cuenta estos tres puntos, nos es más factible darle una comprensión al presente, sin embargo, yo no pretendo dar una formula para que el lector entienda la historia de México. Ésta es muy compleja y requeriría el estudio de toda una vida para poder descifrarla.

La Revolución fue el más sublime intento que tuvimos como nación de regresar a nuestras raíces. Fue un movimiento de autoconocimiento y reflexión, se planteó lo que verdaderamente habíamos sido desde el origen de México. Como Carlos Fuentes se refiere a este acontecimiento, “Nunca más podremos ocultar nuestros rostros indígenas, mestizos, europeos: son todos nuestros”[17]. Fue el primer paso que el país dio para lograr una modernidad verdadera, y no una ilusión enmascarada. “La Revolución iba a inventar un México fiel a sí mismo”[18] en palabras de Octavio Paz. Algunos autores sugieren que el movimiento revolucionario aun se mantiene hasta nuestra fechas, en dónde cada uno de los objetivos iniciales se han ido manifestado con los años. Este movimiento pretendía destruir el feudalismo, independizar nuestra economía, las garantías individuales, y la democracia. Sin embargo, la democracia no se vino a consolidar hasta hace unos pocos años, y es claro que la igualdad social y la dependencia económica son lastres que seguimos cargando. La luz del moviendo revolucionario se apagó, dejando al país en la oscuridad de un desarrollo parsimonioso. Siglo y medio les tomó a los países ricos lograr lo que la Revolución se propuso hacer en algunos años, nos recuerda Paz[19], como lo quisieron hacer los liberales. Sin embargo, sin la Revolución, México nunca hubiera llegado a ser una nación moderna, e incontables libertades de las que hoy en día gozamos no las tendríamos. Fuentes nos afirma que nuestra Revolución fue una autentica, como la rusa, la china, la francesa, y la norteamericana[20]. México un país de luces y sombras, por un lado grandes avances sociales, y por el otro atrasos y retrasos enormes. De esta manera se llevó acabo la Revolución, con sus victorias y derrotas.

El movimiento armado de 1910 si duda fue de vital relevancia para nuestra mejoría, aquí es donde nos miramos al espejo por primera vez, y observamos las mil caras que poseemos, descubriendo nuestra gran heterogeneidad. Las leyes originadas de esto fueron buscando darle cabida a cada unos de los mexicanos que residían en el país. No obstante, esta sinergia que se había logrado tras años de guerras y muerte, mutó en un sistema pesado: “la dictadura perfecta”.

A lo largo del escrito he planteado la relación que existe en la falta de autoconocimiento y el subdesarrollo. Los más claros ejemplos fueron ocurridos en el siglo XIX. La revolución fue una excepción. Vislumbrar cómo esa falta de autoconocimiento y negación ocurrieron en el siglo XX precisa un análisis más complejo e intuitivo. Sin embargo, es posible encontrarlo.

Durante la etapa conocida como “El milagro mexicano” nuestro país tuvo un avance económico y social importante. Los presidentes, en especial Lázaro Cárdenas, tomaron medidas que fueron correctas para su tiempo. Se tomó la política de apoyar el sector agrícola y la sustitución de importaciones. México fue uno de los países con más crecimiento de aquellos años. Esta progresión afianzó a la clase media, hija de la Revolución, como muchos autores afirman. Esta clase nunca antes había existido en el contexto mexicano, y a la postre sería un catalizador importante para la evolución del país. La implantación de la educación y la liberación de muchos sectores, condujo con el transcurrir de los sexenios a que la población fuera más crítica de lo que sucedía en su entorno. Con el paso del tiempo el sistema paternalista, agotó sus recursos (una causa fue la considerable explosión demográfica[21]) para cubrir las necesidades del sistema, desarrollo por desarrollo, y no se llevó una buena administración pública. El partido único frenaba cualquier movimiento político que permitiera un consenso sobre lo que país quería y necesitaba. México era otro, se había creado una nación a la cual en las escuelas se le enseñaba el valor de la democracia y la justicia social. En las calles la situación era distinta. Había dos Méxicos, uno progresista y beneficiado por la Revolución, otro hundido en la miseria y sin oportunidades. El estallido social era evidente. En gran medida por la falta de unidad e identidad entre los mexicanos. Y aquí es donde quiero especificar que volvió a suceder un rechazó de nuestro ser. Lo acontecido en Plaza de las Tres Culturas es el primer gran fenómeno social que lo comprobó. Octavio Paz escribió al respecto “Lo que ocurrió el 2 de Octubre de 1968 fue, simultáneamente la negación de aquello que hemos querido ser desde la Revolución y la afirmación de aquello que somos desde la Conquista y aun antes”[22]. Descubrimos que no habíamos cambiado.

Al finalizar el sexenio de la catástrofe financiera de 1982, se cambió intempestivamente al modelo neoliberal, sin haber dispuesto una evaluación de fondo. México ingreso al GATT, que finalmente se convertiría en la OMC. Este hecho obligó al gobierno a seguir una política económica abierta, en un año se disminuyeron los aranceles en forma considerable, se redujo el gasto público, y se trato de controlar la inflación. A la fecha este modelo ha tenido continuidad. Se nos vendió como cura para todos los males, se dijo que en pocos años llegaríamos a ser potencial mundial, como lo aseguró Carlos Salinas, ingenuamente muchos lo creyeron. Ahora bien, este desarrollo económico no se ha dado, algunos arguyen que es por efectos mundiales, como las recesiones de Estados Unidos y los atentados del 9/11, por señalar algunos. A pesar de todas estas variables que seguramente sí inciden en la economía mexicana, la adopción del neoliberalismo se llevó a cabo sin reflexionar si era adecuado a nuestras condiciones. El neoliberalismo está basado en las teorías de David Ricardo, John Mill y Adam Smith entre algunos otros economistas del siglo XVIII; básicamente expone que los mercados están regulados por una “mano invisible” que dará equilibrio a la economía de un país. A partir de la gran depresión de los años ’20 se evidenció que esta “mano invisible” requería la ayuda de un Estado regulador para dar el equilibrio económico que tanto se busca. De esta manera la teoría neoliberal propone que lo prioritario es mantener un libre mercado, pero con la leve intervención del Estado para regularlo. En la teoría esta idea suena correcta, mas el sistema neoliberal se erigió, como nos dice Ana Olga Rodríguez Betancourt[23], basado en formulaciones económicas, pensadas para países avanzados, abstractas sin pensar en los costos sociales, políticos y culturales que con llevan al ser establecidas en países como el nuestro. Octavio Paz nos expone, “La posición desarrollada de México impone su modelo a la otra mitad, sin advertir que ese modelo no corresponde a nuestra verdadera realidad histórica, psíquica y cultural sino que es una mera copia (y copia degradada) del arquetipo norteamericano.”[24] Con la perspectiva que nos dan estos autores podemos ahora concluir que quienes dirigen la economía del país ven esos costos sociales como algo inevitable, algo de lo cual se puede presidir y no es necesario buscarle una solución ni ajuste, creando un Gobierno desfavorable para los menos capacitados. Es sabido que el TLC con Estados Unidos fue llevado a cabo con gran desventaja, los norteamericanos nos dictaron las reglas con las cuales nosotros podríamos tener una apertura comercial. Esto hizo más vulnerable la economía nacional de lo que ya era. Ana Olga Rodríguez se refiere a la flaqueza de la misma “…lo cuestionable que es aplicar una política económica sin antes evaluar el estado de la estructura productiva nacional, sin prever no sólo el impacto, sino las medidas de contrapeso o apoyo a aquellos sectores no competitivos que tendrán problemas con la apertura comercial”[25]. El proteccionismo de los años anteriores tenía a las empresas mexicanas consentidas, de un día para otro se encontraban a la merced de la ferocidad de los productos extranjeros. Trajo la quiebra de muchas de ellas. En este punto no quiero decir que la falta de competitividad de algunas compañías mexicanas esté justificada y que sea adecuado no buscar la mejora continua dentro de sus procesos, sino que era evidente que las empresas norteamericanas, entre ellas multinacionales, tenían ventajas competitivas acentuadas causando la banca rota inevitable de muchas empresas mexicanas.

El gobierno olvidó los grandes rezagos económicos que arrastrábamos, adentrando al país en una carrera en la cual no podríamos mantener el paso. Se afirma que la competencia es sana, y que gracias a esta el consumidor se beneficia; este postulado es apropiado mientras los competidores estén equilibrados. Fuentes escribió sobre la paradoja de los agricultores muertos de hambre compitiendo con la agricultura automatizada y subsidiada de los Estados Unidos[26]. Otra vez la historia nos condena, y nos reafirma que es insostenible lograr en pocos años lo realizado por las potencias en siglos; esto nunca sucederá si no pensamos en formas adecuadas a México en su conjunto. La quiebra de sectores económicos, como el agrícola, crea desempleo. Agricultores emigran a las ciudades en busca de éste, pero al no ser mano calificada batallan para encontrarlo, creando una población ociosa, sin educación, ni oportunidades, la cual se asfixia en los suburbios de las grandes ciudades. La calidad de vida se ve deteriorada en estos grupos marginados, a final de cuentas tienen que comer, y en muchos casos sólo ven salida en la delincuencia. El narcomenudeo, el crimen organizado y los secuestros vienen a darles a algunos de estos individuos el sustento. Estilo de vida que se ha querido describir como la Cultura del Machetazo. Uno de los grupos que más clarifican esta cultura es la banda denominada Mara Salvatrucha. Estos fenómenos sociales vienen a afectar a la entidad nacional, creando un círculo vicioso, presentado a lo largo del ensayo.

La desigualdad social sobrevive a pesar de los siglos y la sangre derramada en nuestro territorio propicia el levantamiento armado de grupos subversivos. Al respecto de la aparición del EZLN, Alejandro del Bosque escribe, “Nos dimos cuenta de que no éramos los únicos. Nos dimos cuenta que en nuestro proyecto de nación, planteado o improvisado desde el siglo XIX, no fuimos capaces de reconocer la existencia y dignidad de los otros que son también México”[27]. El fenómeno no sólo ha sido aislado para las áreas marginadas. Las elecciones presidenciales pasadas fueron ilustrativas al ratificar la polarización imperiosa en México. Existe una gran desunión, los partidos políticos sólo están viendo por los intereses propios, sin visualizar que el enemigo político también es un mexicano. De este análisis no es difícil definir la razón por la cual no se han llevado los consensos necesarios en las cámaras para promulgar las tan nombradas reformas estructurales, requeridas para el país. La cohesión nacional es la tarea más difícil que le aguarda al gobierno entrante de Felipe Calderón. El tiempo pasa sin darle una solución de fondo a estos problemas, mientras tanto millones de conacionales emigran a los Estados Unidos, arriesgando sus vidas, sufriendo despotismos, y recibiendo el trato de criminales.

La corriente de inmigrantes que viajan a diario a Norteamérica, también es algo que ha afectado nuestra identidad. Fuentes decía que Estados Unidos ha resultado victorioso en cada uno de los puntos en los que México ha fracasado, de ahí que es natural que las nuevas generaciones encuentren en esta potencia los héroes, líderes e historias de éxito que acá nos faltan[28]. Tal sentimiento degenera la afinidad mexicana. No sorprende escuchar ideas como la hipotética anexión de México a la Unión Americana. Posiblemente de ahí surge una de las causas del malinchismo y de que cada vez se tome el american way of life, sin verdaderamente satisfacernos, ni aprovechar nuestras fortalezas como nación.

Vivimos en un mundo en constantes transformaciones, cada día el mundo es más ininteligible, cambio constante. Ahora el mexicano no sólo es ciudadano de México, sino ahora también lo es del mundo. La carrera mundial es muy dispareja, el más rápido avanza a la velocidad de la luz mientras los demás sólo pueden atenerse a mantenerle el paso, no flaquearemos. Sin embargo, cuando creíamos habernos desenmascarado, descubrimos que debajo del primer antifaz se encontraba otro, y éste a su vez más incrustado en nuestras mil caras. Hemos divisado un destello del significado de nuestro ser, de alguna manera u otra se han manifestado revelaciones del pasado, el presente y el futuro. Como pueblo no podemos darnos el lujo de cometer los mismos errores. Mas, la ausencia de conocimiento, en la sociedad, de estas contrariedades, parecen continuar el patrón de traspiés. La clase alta mexicana no se considera un solo ente en unión con la clase baja, y viceversa. Existen varios modelos de nación que no envuelven a todos. De esta manera es difícil que exista una circunscripción en cada individuo habitante de este pueblo. El México progresista y avanzado es el que debe tomar la batuta, si no es él ¿quién lo será?, darle la mano al indio, al iletrado, al pobre, dice Paz. Distinguir que cada rostro es el reflejo de todo el país en su conjunto. Buscar el bienestar común. Sin imitar a otros pueblos, bajo el esquema de nuestra cultura. Recuerdo lo que dijo Paolo Sylos sobre la relación existente entre cultura y desarrollo, “Cultural development is the origin of economic development”[29]. México es un país muy indefinido y además mítico, nada se parece a nosotros, por lo tanto nada del exterior estará dispuesto a nuestra medida. Evolución sí, pero desde adentro. Fuentes subrayó “somos otros, otros por definición, los que nada tenemos que ver con nada, un país brotado como hongo en el centro de un paisaje sin nombre, inventado, inventado antes del primer día de la creación”[30]. Y de ahí quiero señalar la naturalidad compleja de México, debemos adelantarnos al tiempo, las circunstancias cambian sin anunciarlo, es deber de cada uno desenmascarar nuestra verdad para elegir lo que nos conviene y queremos. Requerirá de mayor escrutinio y dedicación. El laberinto de nuestra historia es uno difícil de recorrer. Quiero finalizar con la siguiente frase, “México no se explica; en México se cree, con furia, con pasión, con desaliento.”[31].

Referencias bibliográficas:

Aguilar, H. (1993) Subversiones silenciosas. México.: Aguilar.

· Bosque, A. (2004). Sentimientos mexicanos. En Guzmán, N. Sociedad y desarrollo en México (p. 171-192). México.: Ediciones Regiomontanas.

· Fuentes, C. (1995) Nuevo tiempo mexicano. México.: Aguilar.

· Fuentes, C. (2005) La región más transparente. México.: Planeta.

Paz, O. (2002). El laberinto de la soledad, México.: Fondo de Cultura Económica.

· Rodríguez, A. O. (2004). Los modelos económicos y el desarrollo en México. En Guzmán, N. Sociedad y desarrollo en México (p. 287-322). México.: Ediciones Regiomontanas.

· Sylos, P. (2001) Underdevelopment: a strategy for reform. Reino Unido.: University Press Cambirdge

Tovar, A. (2004). Política económica en México; entre el milagro y la crisis. En Guzmán, N. Sociedad y desarrollo en México (p. 251-286). México.: Ediciones Regiomontanas.

· Vázquez, M. A. (2004). Génesis de los proyectos de nación. En Guzmán, N. Sociedad y desarrollo en México (p. 15-42). México.: Ediciones Regiomontanas.

Zea, L. (1997). El positivismo y la circunstancia mexicana, México.: Fondo de Cultura Económica.

[1] Paz, O. (2002). El laberinto de la soledad. México.: Fondo de Cultura Económica.

[2] Dehesa G. (2000) El otro yo del mexicano, México.: Océano, p.32.

[3] Vázquez, M. A. (2004). Génesis de los proyectos de nación. En Guzmán, N. Sociedad y desarrollo en México (p. 15-42). México.: Ediciones Regiomontanas.

[4] Webster, A. (2004). ¿Qué hacer con el indio?. En Guzmán, N. Sociedad y desarrollo en México (p. 193-228). México.: Ediciones Regiomontanas.

[5] Suchlicki, J. (2000). Mexico: From Moctezuma to NAFTA, and beyond. Estados Unidos.: New Brunswick, NJ Transaction Publishing.

[6] Zea, L. (1997). El positivismo y la circunstancia mexicana. México.: Fondo de Cultura Económica.

[7] Paz, O. (2002). El laberinto de la soledad. México.: Fondo de Cultura Económica.

[8] Paz, O. (2002). El laberinto de la soledad, México.: Fondo de Cultura Económica.

[9] Fuentes, C. (1995) Nuevo tiempo mexicano. México.: Aguilar.

[10] Maya, T. (2004). Un proceso de encuentros con el “otro”. En Guzmán, N. Sociedad y desarrollo en México (p. 43-59). México.: Ediciones Regiomontanas.

[11] Fuentes, C. (2005) La región más transparente. México.: Planeta.

[12] Fuentes, C. (2005) La región más transparente. México.: Planeta.

[13] Vázquez, M. A. (2004). Génesis de los proyectos de nación. En Guzmán, N. Sociedad y desarrollo en México (p. 15-42). México.: Ediciones Regiomontanas.

[14] Aguilar, H. (1993) Subversiones silenciosas. México.:Aguilar

[15] Paz, O. (2002). El laberinto de la soledad. México.: Fondo de Cultura Económica.

[16] Paz, O. (2002). El laberinto de la soledad. México.: Fondo de Cultura Económica.

[17] Fuentes, C. (1995) Nuevo tiempo mexicano. México.: Aguilar.

[18] Paz, O. (2002). El laberinto de la soledad. México.: Fondo de Cultura Económica.

[19] Paz, O. (2002). El laberinto de la soledad. México.: Fondo de Cultura Económica.

[20] Fuentes, C. (1995) Nuevo tiempo mexicano. México.: Aguilar.

[21] Tovar, A. (2004). Política económica en México; entre el milagro y la crisis. En Guzmán, N. Sociedad y desarrollo en México (p. 251-286). México.: Ediciones Regiomontanas.

[22] Paz, O. (2002). El laberinto de la soledad. México.: Fondo de Cultura Económica.

[23] Rodríguez, A. O. (2004). Los modelos económicos y el desarrollo en México. En Guzmán, N. Sociedad y desarrollo en México (p. 287-322). México.: Ediciones Regiomontanas.

[24] Paz, O. (2002). El laberinto de la soledad. México.: Fondo de Cultura Económica.

[25]Rodríguez, A. O. (2004). Los modelos económicos y el desarrollo en México. En Guzmán, N. Sociedad y desarrollo en México (p. 287-322). México.: Ediciones Regiomontanas.

[26] Fuentes, C. (1995) Nuevo tiempo mexicano. México.: Aguilar.

[27] Bosque, A. (2004). Sentimientos mexicanos. En Guzmán, N. Sociedad y desarrollo en México (p. 171-192). México.: Ediciones Regiomontanas.

[28] Fuentes, C. (1995) Nuevo tiempo mexicano. México.: Aguilar.

[29] Sylos, P. (2001) Underdevelopment: a strategy for reform. Reino Unido.: University Press Cambirdge

[30] Fuentes, C. (2005) La región más transparente. México.: Planeta.

[31] Fuentes, C. (2005) La región más transparente. México.: Planeta.

Alfredo Loera

Alfredo Loera

Alfredo Loera (Torreón, 1983) es Maestro en Literatura Mexicana por la Universidad Veracruzana. Inició sus estudios de literatura en la Escuela de Escritores de La Laguna. De 2009 a 2011 fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas. Publicaciones suyas han aparecido en revistas como Casa del tiempo, Círculo de poesía, Fundación, Pliego 16, Ad Libitum, Este país, Siglo Nuevo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *