Columna

El onvre de la marcha

Hace unos cuantos días leí un breve articulo en la revista digital Antes de Eva titulado ¿Por Qué No Queremos Onvres En Las Marchas Feministas? donde se exponía por qué algunas feministas no desean la presencia de personas de sexo masculino marchando en su mismo contingente. La autora proporciona sus razones y las valida, además habla del victimismo de algunos individuos que simplemente no entienden la razón y la ideología del feminismo, o mejor dicho de la corriente del feminismo a la que la autora pertenece. Para ser sincero yo me cuento entre esos desinformados que no tienen idea del proyecto y la lucha que están realizando en mi país las mujeres.

Sé que los feminicidios y los crímenes sexuales se incrementan y se vuelven más brutales, lo cual me provoca terror al pensar en todas las mujeres que conozco, sobre todo al darme cuenta que este aumento tiene tintes de ser un fenómeno que va en proceso de institucionalización en nuestra sociedad. Cada vez se emiten más alertas de desapariciones para menores de mi ciudad, en el noticiero de Yuriria Sierra se hablo ya de una casa de seguridad, ubicada en una localidad colindante a la mía, con todas las trazas de ser un cuartel de trata de blancas y del 2000 hasta ahora se ha tenido noticias de dos sujetos y una pandilla/grupo de agresores sexuales en mi ciudad. Siempre sin encontrar al/los culpables, es como si los delincuentes simplemente se evaporaran o se dejara se seguir esta clase de noticias por alguna oscura razón.

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Columna

Rancio descollado caballero

Hay momentos en que pienso en la cantidad de fantasmas que pululan en México. Desde (los más recientes) el grupo de 43 estudiantes, siguiendo con la centena de millar del sexenio de Calderón, viajando a través de los centenares de muertas en Cd. Juárez; pasando al ir más hacia el pasado por clérigos y candidatos (El cardenal Posadas, el de Colosio que vive aún), ilusiones de elecciones fallidas, indígenas (Acteal) y universitarios (La matanza olímpica de Tlatelolco 68) hasta llegar a aquellos muertos de las luchas históricas (revolución, independencia y conquista). Muertos que regresan, que nos acechan, que aparecen en billetes, en pintas, en nombres, en actitudes y comportamientos. Quién no ha visto a alguien llorando en un árbol a lo Cortés, a un (o una) Malinche tratando de ligarse desesperadamente a la inglesa o francesa de intercambio (solo por ser extranjeras), quien no ha escuchado a un político “Peje” de tan mesiánico y sobre todo quién no ha visto a alguien actuando exactamente igual a Don Chingón. Seguir leyendo

Columna

No soy negro, soy prieto.

En México no hay muchas personas de raza negra, cualquier extranjero de raza africana sabe que su presencia no es común porque en todos lados termina siendo el centro de atención. En los últimos años las condiciones económicas desfavorables que se viven en Centroamérica han ido impulsando a cada vez más personas a aventurarse rumbo a Estados Unidos en busca de trabajo. Muchos de estos inmigrantes tienen raíces africanas, pero solo los vemos de paso (buscando caridad en los cruceros ferroviarios). Pero no es de economía de lo que quiero hablar, este texto hablará acerca del color de la piel y mi confusión.

Yo soy de piel morena, bastante, es decir: soy prieto. Si por tu mente pasa, estimado lector, por un momento alguna sensación desagradable o idea acerca del por qué no dejarlo solo en moreno, por qué tener que escribir “prieto”, entonces sabré que voy por buen camino y tú sabrás que algo nos pasa a los mexicanos con esa palabra; que va cargada de significados, de prejuicios. Seguir leyendo

Columna

¿Poesía? ¿Para quién?

Hace unos días leía el encabezado de un periódico de circulación nacional que lanzaba la pregunta acerca de para quien se escribía la poesía en el país; argumentaba ya la introducción que en el país hay poetas, premios, pero no hay difusión ni un programa de fomento a la lectura efectivo. Que todos: académicos, editores y escritores concordaban en que la escaza distribución era el principal de los males. En ese punto abandoné la lectura (mi licencia lectora me lo permite y yo aplico ese privilegio cuando vislumbro que lo que estoy leyendo continuará de manera insustancial); según un comentario de un conocido el texto efectivamente arrojaba cifras de dinero (cosa que no se debe hacer cuando se habla de poesía pues se lee barato, sin clase) otorgados a los creadores y de la falta de editoriales y la mala leche de las librerías.

Ese texto por irrelevante que fuera tuvo una muy buena pregunta ¿Para quién, o qué, se escribe poesía? Y creo que eso es lo importante, lo de exhibir al gobierno y a las editoriales no resolverá nada. Lo importante es preguntarse por qué razón o en qué tipo de lector se piensa cuando se escribe poesía, cuando la escriben los poetas mexicanos contemporáneos.

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Poesía

Poemas de amor

I

No me gustan sus poemas amorosos
y no es que sea, a mi edad, un hombre estéril
no
es sólo que la forma, dios, la forma en que los hacen
me repugna.

Indiscutiblemente el nombre de mujer
con sus cabellos negros y sus nalgas blancas
para que ella lea (si es que lee, o si es que le dan libros para regalar al escritor):
Oh, Claudette… Oh, Dulce… Seguir leyendo 
Poesía

Róyer

Travesti hallado muerto, móvil del crimen desconocido;
conservaba sus pertenencias
El puto de mi barrio se llamaba Rogelio
los niños con odio lo llamaban “Rizos de oro”
su espera terminaba el doce de diciembre
danzando
con enaguas y huaraches de plumas.

Rogelio, el puto de la cuadra, cantaba todo el tiempo:
al caminar a las paradas,
a tijeretazos en su sala
cuando hacía llover cabello de hombres y mujeres,
también mientras borró el “pinche joto feo” que pintaron en su puerta.

El puto de enseguida, Rogelio,
nos cuidó a mí y a mis hermanos
lo vimos
cada día
salir al mundo tan sólo con sí mismo
y regresar a veces con tan poco.
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Cuento

El rayo forzado

La doncella chapoteaba desnuda en el río, ni siquiera notó que en la orilla, cerca de donde había dejado su peplo, un asno montaba sexualmente a un potro blanco.

El asno se quedó ahí cuando termino lo suyo, el otro animal huyó hacia el bosque maltrecho por dentro a causa del sexo del burro y entró en una cueva.

De la cueva salió poco tiempo después un hombre barbado y ya viejo, haciéndose el desentendido iba silbando y rengueaba terriblemente volviendo lento su paso.

—Nunca más, nunca más… que se me quite de una buena vez esta costumbre—pensó al recordar el miembro del asno.

¿Habiendo tantas mujeres, diosas, ninfas, qué necesidad tenía de arriesgarse a que un incidente así se repitiera? El riesgo era inaceptable, sobre todo para él: el padre de los dioses.

Cuento

Clueca

El huevo vestido con un frac se veía ridículo pero a Juanita le pareció la cosa más bella del mundo. Tenía en mente esa imagen, estaba segura de que el Huevo, o como ella lo llamaba: Leandro, tenía porte; también (como cualquier madre) pensaba que cosas horribles le sucederían sólo por estar fuera de casa. Se acordaba de cómo lo había puesto ella solita, lo hizo sin pedir ayuda al veterinario que el doctor le había recomendado después del ultrasonido. Además no quería arriesgarse a que se volvieran a reír de ella.

El reloj de la sala daba ya las dos de la mañana y su preocupación crecía con cada vuelta que terminaba la manecilla segundera. Juanita no estaba acostumbrada a desvelarse, tal vez la noche en que puso a Leandro fue la única en que no durmió a sus horas. Los ronquidos estentóreos de su marido la arrullaban poco a poco, le relajaba saber que las personas dormían.

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Cuento

Reinos

A veces me pregunto qué le habrá sucedido a los imperios de antaño. No solo a la casa de Aragón ni a la de Gales, me refiero a todas esas dinastías de los cinco continentes que el polvo enterró y no sólo las europeas. Pero con la manufactura, el motor de vapor y la revolución industrial todo cambio, todo se fue difuminando. Los linajes de sangre azul fueron mermando y camuflándose con los burgueses primero y en épocas posteriores con el vulgo; es decir entre la masa informe de individuos. Sin embargo todavía se les puede descubrir (mejor dicho adivinar) en todas las ciudades a través de algunos actos sutiles tales como tener el auto estacionado en triple fila, Seguir leyendo