Poesía

Último deseo

Cuando me entierren en el mundo
germinará el deseo. 
No me quedaré a reposar nostalgias.

Inmediatamente seré
íntima amiga de los gusanos
de las moscas y las flores 
que han prometido
desenterrarme de esta carne.

Expuesta al sol
Broncearé mi sonrisa
el cuerpo alado que nunca vi
mis fieles cuatro dientes
y un latiente corazón de trébol.
Cuento

Reinos

A veces me pregunto qué le habrá sucedido a los imperios de antaño. No solo a la casa de Aragón ni a la de Gales, me refiero a todas esas dinastías de los cinco continentes que el polvo enterró y no sólo las europeas. Pero con la manufactura, el motor de vapor y la revolución industrial todo cambio, todo se fue difuminando. Los linajes de sangre azul fueron mermando y camuflándose con los burgueses primero y en épocas posteriores con el vulgo; es decir entre la masa informe de individuos. Sin embargo todavía se les puede descubrir (mejor dicho adivinar) en todas las ciudades a través de algunos actos sutiles tales como tener el auto estacionado en triple fila, Seguir leyendo

Columna

Advertencia al cinéfilo

Me preparo para en un futuro hacer comentario a ciertas películas. Antes de hacerlo he querido advertir al lector, antes de padecer posibles infamias de él o críticas demasiado fuertes.

No soy un cinéfilo común, ¿qué cinéfilo podría serlo? Es decir, que si usted querido cinéfilo, considera películas esenciales que nadie debe perderse o “dejar de ver” y hay una lista de las buenas conciencias y el buen gusto, yo, querido cinéfilo, no la sigo ni la persigo.

La democracia informática del internet y el múltiple acceso a la creación fílmica de todo el mundo y de toda época imprime un aire de insuficiencia para cualquiera que se acerca al cine de manera incauta. Ningún crítico de cine posee toda la verdad. Ningún cinéfilo accede a la universalidad.

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Cuento

Lógica apabullante

—Se trata de una banda muy joven de secuestradores —dijo el vocero de la procuraduría y tal vez sobre decir que muy seguro de sus palabras.

—¿En que se basa para afirmar eso, señor secretario? —uno de la multitud de periodistas lanzó esa pregunta; previamente el reportero había leído el cuestionario autorizado.

—Las pruebas lo demuestran claramente, déjenme mostrarles —y alzó sonriente la nota de los secuestradores.

Los flashazos llovieron sobre la nota que pedía un millón por la libertad del empresario y que, para maravilla de todos los presentes, estaba redactada con sopita de letras unida con pegamento blanco al papel.

Cuento

Fantasmagoría

—¿Y tú que quieres hacer, bonita?

—Yo quiero salir de esta ciudad mediocre, viajar por todo el mundo, conocer gente, mirar paisajes increíbles; en dos palabras: quiero vivir.

—¿Qué curioso?… A primera vista no pareces muerta.

Columna

Las costumbres de nuestro teatro

Nosotros como personajes

El que cree que el actor de musicales es más completo porque canta, baila y actúa a la vez; el actor que sólo lee lo que van a representar; el director que ve en cada uno de sus montajes el acontecimiento histórico; el dramaturgo que de un jalón escribe un drama cómico-sarcástico-satírico-trágico-poético; el que hace teatro por primera vez; el que se prepara; el director que trabaja en una escuela y tiene un sueldo medianamente asegurado; el romántico que publica en las redes sociales “memes” ridículamente cursis.

El que hace escuela y el que genera súbditos, adeptos, fanáticos. El público que sobrevalora las obras que vienen de fuera y paga mucho por su entrada; el que asiste a nuestras presentaciones sólo si le regalamos el boleto. El familiar encantado; el que siempre felicita aunque no nos haya comprendido. El público que todo lo disculpa y cuando no, solamente deja de vernos. Todos estos y otros más son los caracteres que manipulan el objeto llamado teatro.

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Poesía

Las señas materiales

Otra vez acudo a la casa de mi amigo
A retomar la imagen de su compañía
Vuelvo la mirada a esos lentes y uñas largas
A la presencia muda de su abuela
               —Aire senil que respirábamos en la escalera—
Y al abrazo semanal de su padre rodeado de neblina

Un tiempo que vengo arrastrando hace noches
En busca del aroma a plátano por las mañanas
Y el mantel horadado del comedor 
               que como red filtraba el tiempo Seguir leyendo 
Columna

Canta esa vieja canción de Sandburg

Esta tarde llegué a mi cuarto y me puse a divagar. Es algo muy común en estos días, en los que la realidad cada vez se presenta más extraña. He dejado por completo de oír los noticieros, también ya no encuentro ninguna utilidad en leer los periódicos ni libros. Quizá nunca tuvieron esa importancia. Es algo de lo que ahora me doy cuenta. Leer los periódicos o libros de pronto pareciera una manera de engañar nuestros sentidos, de aislarnos de lo que nos rodea. Ahora que he estado ya durante tanto tiempo en soledad, viendo hacia el techo, al caer la noche, con el sonido de la ciudad que entra por la ventana, he llegado a pensar que lo real es sólo esto, lo que puedo palpar o determinar por mí mismo, lo que puedo interpretar por mí mismo. De nada nos sirve leer un texto que no tiene concordancia con el día a día. Al menos puedo decir que la dinámica de la sobrevivencia me lo ha planteado así.

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