Columna

Aquí nació a las mañas…

Se dice que en la av. Hidalgo, entre las calles Ramón Corona y Leona Vicario, colonia Centro de Torreón, Coah., estuvo la casa donde Salvador Novo vivió parte de su infancia. Asimismo, se dice que en esa casa se puso una placa de bronce que decía “aquí nació a las letras Salvador Novo”. La raza, que a nadie perdona, aprovechó el texto de la placa para difundir, de boca en boca, una parodia que decía “aquí nació a las mañas Salvador Novo”, con la firme intención de manifestar las preferencias sexuales del poeta en mención.

Esto es lo más que puedo abonar al tan conocido carácter homosexual de la reina de Los Contemporáneos, cuya joya de la corona fue, según los enterados del chisme literario, haberse dado a Federico García Lorca. Seguir leyendo

Cuento

Casandra

Estacionamos el auto en medio de la noche, cerca de una esquina olvidada por el tiempo, en el centro cuarteado de la ciudad. Bajamos: Venustiano, Ruperto y yo. Yo iba en el asiento posterior mientras Venustiano manejaba y Ruperto de copiloto. Bajamos y sonaron los tres portazos: pla, pla y pla. Iba nervioso, por alguna razón la humedad de la ciudad daba la impresión de corroerlo todo. Mis amigos empezaron a caminar, abandonándome, dejándome a la desidia de la ciudad cuarteada y vacía; hueca como un gran muerto que aún dormita en ella. Los pasos húmedos empezaron a tomar rumbo. Íbamos al PALL’S; un table, prostíbulo de lujo. Ya tenía dieciocho años, pero era la primera vez que había tomado la decisión de entrar a uno de estos lugares. Ruperto, por el contrario, aunque era un año más joven que yo, ya conocía todos los sitios habidos y por haber en la ciudad. Por qué no decirlo, estaba muy nervioso. Venustiano ya había venido varias veces, estaba acostumbrado, así que para él era muy normal acercarse a la puerta llena de figuras exóticas; de luces y sombras; de mujeres desnudas. Los dos parecían estar enamorados de Casandra. Fue por eso que quise venir. Me dijeron que era la mujer más hermosa sobre la Tierra, y yo les creí. Quería acreditarlo, quería verla, quería demostrarme que había más mujeres además de las que conocía; una que fuera apasionada, sensual; una que deseara a un hombre solamente porque le apetecía, sin esperar algo que un hombre no pudiera dar; que quisiera dinero, y solamente eso. Una mujer hermosa que nos comprendiera sólo porque sí. Mis amigos me aseguraron que Casandra era como una especie de santo grial. Estábamos cansados de las muchachas de la carrera, insípidas; quienes buscaban un padre de familia, de las que no arriesgarían nada; daba la impresión de que ellas más bien se conformaban con un mayordomo, un esclavo, un muerto. Por eso fui, para estar con una mujer que aceptara a los hombres tal y como realmente somos: lujuriosos, materialistas, cobardes, perdedores, simples bestias sumisas. Seguir leyendo

Columna

Unos versos que se burlan del poeta.

Los poetas posmodernos son blanco fácil de la burla. Se ponen de a pechito. Se empinan solos. La causa es la pose de marginalidad por la que viven, ponen su choza, construyen su casa con ladrillos de material reciclado en Av. Lado Oscuro esquina con Alteridad, entre Otredad y Emergencia.

Desde la ubicación en las favelas de la cultura, niegan La Poesía, pero hacen poesía. Tú levantas una piedra y salen diez poetas. Uno de ellos experimenta desde la digitalidad. 01010101, dice en octosílabos. Una de ellos es poeta que se apellida Feminista. Habla de sangre menstrual, mastografías, ginecologías, historia feminista, escribe todas y no-todas -porque hay una lógica femenina que rechaza el género masculino y hasta el neutro en los sustantivos, o mejor dicho, sustantivas. Seguir leyendo

Columna

Sobre “Amén de mariposas”.

El más reciente encuentro que tuve con el género de la poesía fue hermoso. Les cuento: estaba yo leyendo una antología de nuevos poetas jóvenes del mundo, me aburrí hasta la muerte, cerré ese libro y tomé otro cuyo autor es Pedro Mir. Eso fue lo hermoso.

Estoy pensando seriamente en deshacerme la antología de poesía actual para no leerla nunca más y, de ser necesario, dedicarme horas enteras, milenos, si se puede, a releer el bellísimo poema Amén de mariposas, incluido en el volumen del que les hablo.

Hay que entrar en contexto para que compartan mi emoción. Pedro Mir fue un poeta dominicano sumamente desconocido para el mundo. A éste, se le caen los calzones ante Mario Benedetti; se le viene una erección con García Márquez; mama a Neruda; quiere un hijo de Nicolás Guillén –lo cual no sería mala idea–; pero a Mir, solamente le dedica una mirada de soslayo, un breve chequeo de arriba hacia abajo, sin ponerle mucho corazón.

Sin embargo, Pedro Mir es, digámoslo de esta manera, el poeta que siempre hemos querido conocer en exclusiva, manteniéndolo en secreto en un librero, para luego mostrarlo majestuosamente a todo aquél que nos pida algo bueno que leer.

Pedro Mir es, también podemos decirlo de esta manera, el poeta no mainstream que podemos oponer ante todo el resto de la poesía comercial que ha dado la espalda al pueblo por vende patrias y capitalista. Seguir leyendo

Cuento

El transeúnte

Día ochenta y tres.

Se secó todo. Yo decidí irme. Llevo agua y un poco de comida. Llevo a cuestas un sin fin de pensamientos, un sin fin de locura. Llevo un sin fin de pasos atrás. Llevo todo el cielo en mi espalda. Ya no soy el mismo. Mi cara se ha arrugado por el sol, se ha endurecido, de cierta manera fosilizado, es otra. Como una máscara antigua que me salió de lo más profundo. Me he perdido en mis cavilaciones. Ya no sé. Nadie sabe dónde estoy (y de dónde vengo tampoco nadie lo supo). No hay nada, únicamente el sol viendo todo, mostrándome que no hay objetos más allá. No importa cuán rápido vaya. Todo es tan claro. Ningún animal, ¡ni si quiera una tormenta! Seguir leyendo

Reseñas

Mar de la tranquilidad

El más reciente libro del poeta Jaime Augusto Shelley, Mar de la tranquilidad, es todo menos que reciente y mucho menos tranquilo. Fue publicado en el 2011 por la Universidad Autónoma Metropolitana –en su colección Molinos de Viento No. 145–, con un escaso tiraje de 500 ejemplares.

El posible nuevo lector de poesía que casualmente esté leyendo esta reseña, se ha de estar rascando la cabeza dubitativamente. ¿Cómo es posible –se preguntará– que un poeta tan importante en la historia de la literatura mexicana –porque lo es– haya tenido un mísero tiraje en su última publicación? Seguir leyendo

Ensayo

La teoría de la narración de Paul Ricoeur en la cuentística de Eduardo Antonio Parra

Una de las principales cualidades de la cuentística de Eduardo Antonio Parra es el diálogo que hace con lo simbólico y lo mítico. En textos como “La piedra y el río” se genera una elaboración de este tipo, a pesar de que su narración está hecha desde lo histórico concreto. Es decir, sus cuentos forjan un marco de verosimilitud en relación con una referencia extraliteraria específica, a saber, las comunidades del Norte de México, que sin embargo se disloca en una configuración metafórica mucho más expresiva. Seguir leyendo

Columna

¿Serán los últimos días?

Yo no me acordaba de Sergio Pitol hasta que leí la noticia de que está retirado de la vida pública debido a su grave estado de salud. A la sazón, pasa por la cuarta y última etapa de una afasia primaria progresiva no fluente, enfermedad que, supongo, debe ser lo bastante seria como para que se haya alarmado el mundo entero.

Yo no me podía quedar atrás. Me puse un Jesús en la boca y, al mismo instante en que terminé de leer las malas nuevas, me sequé las lágrimas de los ojos y busqué sus obras en mi librero. Imaginen mi sorpresa cuando, ¡oh, ingrata fortuna!, encontré que sólo tenía dos, Cementerio de Tordos –una selección de cuentos-, y El desfile del amor –una novela que no he leído desde que la compré quién sabe cuándo.

Pero sí lo he leído, me dije. Estoy casi seguro, me insistí. ¡Ah, cabrón! ¿Sí lo habré leído?, dudé. Luego me reprendí, ¡A huevo que lo leíste, pendejo! Seguir leyendo

Columna

El onvre de la marcha

Hace unos cuantos días leí un breve articulo en la revista digital Antes de Eva titulado ¿Por Qué No Queremos Onvres En Las Marchas Feministas? donde se exponía por qué algunas feministas no desean la presencia de personas de sexo masculino marchando en su mismo contingente. La autora proporciona sus razones y las valida, además habla del victimismo de algunos individuos que simplemente no entienden la razón y la ideología del feminismo, o mejor dicho de la corriente del feminismo a la que la autora pertenece. Para ser sincero yo me cuento entre esos desinformados que no tienen idea del proyecto y la lucha que están realizando en mi país las mujeres.

Sé que los feminicidios y los crímenes sexuales se incrementan y se vuelven más brutales, lo cual me provoca terror al pensar en todas las mujeres que conozco, sobre todo al darme cuenta que este aumento tiene tintes de ser un fenómeno que va en proceso de institucionalización en nuestra sociedad. Cada vez se emiten más alertas de desapariciones para menores de mi ciudad, en el noticiero de Yuriria Sierra se hablo ya de una casa de seguridad, ubicada en una localidad colindante a la mía, con todas las trazas de ser un cuartel de trata de blancas y del 2000 hasta ahora se ha tenido noticias de dos sujetos y una pandilla/grupo de agresores sexuales en mi ciudad. Siempre sin encontrar al/los culpables, es como si los delincuentes simplemente se evaporaran o se dejara se seguir esta clase de noticias por alguna oscura razón.

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Columna

La ruta de las chingaderas.

Ha sido, es y será, una hispter llamarada de petate el convocar a los asoleados laguneros a eventos llamados “rutas de…”

Tan original idea consiste en recorrer a pie –a pincel, a patín, en Dodge patas– diversos lugares señalados como importantes, según el magnífico criterio de la mente maestra que organiza el evento.

Las más comunes son las gastronómicas, también sumamente preferidas por los escritores. Esta clase de seres humanos con frecuencia tiene hambre. Por lo tanto se ve en la penosa necesidad de satisfacerla y hablar de ello como si fuera una experiencia religiosa, sentir que resucito si me tocas.

Pobres hombres –digo hombres porque las mujeres escritoras, en cuanto hembras, saben cocinar–… hombres maltratados que, continúo, carentes de las habilidades necesarias para la cacería, se atienen a otros verdaderos hombres que sí saben matar a pedradas un venado y servirlo a la mesa con todo y cornamenta, y beber su sangre caliente para tener más vida. Seguir leyendo