Columna

Lazaro Felice (spoiler). Alice Rorhwacher, Italia, 2018.

Ningún cineasta italiano la tiene fácil con la tradición del neorrealismo. De hecho, mucho del cine italiano contemporáneo no sabe cómo enfrentar semejante tarea prometeica de estar a la altura de su pasado cine de oro. Muchos comentaristas y críticos, más con el ánimo de reavivar o resucitar algo imposible, han puesto a Gomorra (Matteo Garrone, 2009) como el nuevo realismo italiano, o a directores como Paolo Sorrentino (La Gran Belleza, 2013), como el nuevo Fellini, y eso es sólo un afán de novedad más que una opinión crítica.

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