Cuento

El transeúnte

Día ochenta y tres.

Se secó todo. Yo decidí irme. Llevo agua y un poco de comida. Llevo a cuestas un sin fin de pensamientos, un sin fin de locura. Llevo un sin fin de pasos atrás. Llevo todo el cielo en mi espalda. Ya no soy el mismo. Mi cara se ha arrugado por el sol, se ha endurecido, de cierta manera fosilizado, es otra. Como una máscara antigua que me salió de lo más profundo. Me he perdido en mis cavilaciones. Ya no sé. Nadie sabe dónde estoy (y de dónde vengo tampoco nadie lo supo). No hay nada, únicamente el sol viendo todo, mostrándome que no hay objetos más allá. No importa cuán rápido vaya. Todo es tan claro. Ningún animal, ¡ni si quiera una tormenta! Seguir leyendo

Ensayo

La teoría de la narración de Paul Ricoeur en la cuentística de Eduardo Antonio Parra

Una de las principales cualidades de la cuentística de Eduardo Antonio Parra es el diálogo que hace con lo simbólico y lo mítico. En textos como “La piedra y el río” se genera una elaboración de este tipo, a pesar de que su narración está hecha desde lo histórico concreto. Es decir, sus cuentos forjan un marco de verosimilitud en relación con una referencia extraliteraria específica, a saber, las comunidades del Norte de México, que sin embargo se disloca en una configuración metafórica mucho más expresiva. Seguir leyendo

Cuento

Polvo de ángel

Ya tenía mucho sin saber de Alan, ignoraba dónde estaba metido. Esta noche tal vez podría encontrarlo.

Como siempre, regresó a las 5 de la mañana. Bajó de su taxi para deslizarse por la calle desierta hasta entrar a su casa. Iba jadeante, sin saber si era por miedo o por alegría. Le sudaban las manos con la camisa húmeda a pesar de la noche fresca. Temblaba tal vez porque el sudor hacía que el frío se sintiera más en su cuerpo delgado o porque se moría de los nervios. Anteriormente, había metido la llave en la cerradura con la esperanza de que por primera vez, en varios meses, no estuviera corrido el pasador; sin embargo, otra vez, como siempre, tuvo que dar tres vueltas a la llave para abrir la puerta. Seguir leyendo

Poesía

Tres poemas

Te escribo a ti

Porque aun puedes escuchar
Porque tus oídos no están llenos de respuestas
Porque aún miras con tus ojos y piensas con tu instinto
Te escribo a ti porque no sabes nada
Y porque, aunque no quieras, lo escuchas todo
Porque eres el más vivo de entre estos muertos
Porque caminas por las noches sintiendo la brisa
Y besas a la muchacha todavía enamorado
Te escribo a ti que lleno de rabia quieres escaparte
Para destruir la cuadricula en las ciudades
Te escribo a ti porque a pesar de los ruidos silenciosos
Puedes comprender estas palabras
Que no escucha nadie Seguir leyendo

Columna

La lectura como un acto libertador

Más de una ocasión he escuchado que la lectura libera, que da a los lectores una posibilidad de mundo más amplia o que incluso puede asistir en los quehaceres de la vida. Llevo ya algún tiempo leyendo libros y revisando cómo la lectura de esos libros ha cambiado mi espectro de pensamiento. Me he preguntado si en verdad en mi experiencia personal ha ocurrido una mejora a causa de este hábito (como se dice tantas veces en la promoción del mismo). También, he observado (casi que espiado) a otras personas que son lectores y que sin duda han leído mucho más que yo. Los escucho, me relaciono con ellos y del mismo modo me he preguntado qué tanto dichas personas son más libres que alguien que no lee. Seguir leyendo

Columna

Juan Rulfo

Lo leí en la adolescencia. Recuerdo que compré Pedro Páramo en la Soriana. Años después, ese volumen se lo regalé a una mujer, quería que lo leyera. ¿Será redundante comentar el deslumbramiento que me causó la novela? Quizá lo que más me sorprendió fue el lenguaje. En mi experiencia los libros tenían una lengua distante, una lengua que no me pertenecía. Pedro Páramo engendró en mí la escritura y me hizo creer en los libros, lo cual ya es mucho. Pareciera que nada más puede decirse de este autor que no se haya dicho de mejor manera. Alfonso Reyes comentaba que después de escuchar un gran poema sólo queda el silencio. Y así pasa cuando uno termina de leer Pedro Páramo.

Columna

El Villismo

Martín Luis Guzmán y José Vasconcelos quizá sean los escritores que tuvieron mayor autoridad para escribir sobre el Villismo. Fueron contemporáneos del caudillo y participaron en esa única épica de nuestro país que fue la Revolución Mexicana. Desde que tengo memoria siempre tuve una gran simpatía por el Centauro del Norte. Si me lo preguntan, considero que es uno de los personajes más simbólicos de nuestra cultura, porque emana de ella, con todas sus contradicciones, de una manera auténtica. Por otra parte, considero que el personaje de Villa es en muchos aspectos uno de los arquetipos del mexicano, así como Aquiles u Odiseo lo fueron de la cultura griega; el Mío Cid de la española, o Sigfrido de la germánica. Pero quizá el problema más relevante para la conformación de nuestra identidad es que Villa más que un héroe es un antihéroe. Si hiciéramos un análisis de su vida es muy probable que simbólicamente se asemejara más al Quijote o a Sancho Panza, que a cualquiera de los héroes épicos. Sucede así porque Villa es el producto de lo moderno. Seguir leyendo