Ignacio Garibaldy

COLUMNA

Por Ignacio Garibaldy

Columna

DESIERTO, BELLEZA, PROYECTOS

El 17 de enero del recién nacido año 2017, tuvo lugar la inauguración de la exposición colectiva “Del desierto surge la belleza”, en la Universidad La Salle Laguna de esta bendita ciudad de Gómez Palacio, Dgo.

Fueron nada más y nada menos que veintidós artistas plásticos los que expusieron sus obras en un lugar llamado Parque de Innovación, el cual se encuentra dentro del mismo complejo universitario.

Bueno, pues yo tengo varias impresiones al respecto.

La primera es una pregunta: ¿para qué sirven las inauguraciones? Revisemos el asunto en particular. Se invitó al público en general, a personajes distinguidos, a los mismos artistas –con porra incluida.

Luego alguien presentó a los presentables; se hizo la exposición de motivos; se aplaudió discretamente –porque no estábamos en un teibol-; se rindió honor a quien honor merece; se cortó el listón; y por fin se pasó a ver las obras. Como bonus, así como no queriendo la cosa, se degustó queso y vino.

Por cierto, hubo que ponerle falta a los integrantes del Colectivo Itacate. Para quienes no los ubican, les indico que los Itacatianos son aquellos hombres de cordura cuestionable cuya presencia luce tanto como las obras que se exponen. Es que consumen vino y queso cual infante de hospicio. Y no sólo eso, también cargan con bolsas de Soriana las cuales llenan a placer con cualquier comestible.

Yo que noté su ausencia sufrí como una madre… ¿Qué habrían cenado esa noche?, ¿qué desayunarían al día siguiente? No he podido dormir desde entonces.

Les estaba diciendo que, tras tomar una copita de vino y varios pedacitos de queso –que había en abundancia ya que los Itacatenses no asistieron- uno se pone a ver las obras.

Ver las obras es un decir. La verdad es que uno está en todo menos en misa.

Si eres uno de los expositores, te la pasarás posando para las fotos.
-¿Me regala una foto para el periódico mural?
-Claro, por supuesto, obviamente.
-Listo. Otra más. Una con su mamá. Otra con el intendente.

Si eres una señora copetona, te la pasarás saludando a todo el mundo.
-¡Ay, amiga! El viernes no fuiste a camerata. Tacha para ti.
-Amiga… Es que llegó de Europa Andrei Talamantes Limantour, y lo tuve que ir a recibir. Resulta que todavía no le entregan su castillo. No sabes… Me contó todas sus penas.
-¡Ay, amiga! Lo entiendo completamente. Mi castillo en Francia está infestado de ratas. ¡Mira! ¡Allá está Don Catarino! Finge que te cae bien y vamos a saludarlo.

Si eres un “experto” en el arte conceptual contemporáneo, te la pasarás hablando pendejadas insufribles.
-Buena museografía, pero es de mal gusto que nadie haya expuesto instalaciones.
-Esto va en contra del espíritu de Magritte.
-Ya nadie sigue a Remedios Varo.
-Sólo yo conozco a Sofía Bassi.
-¿Me invitas un triple venti?
-No tengo dinero. ¿Me das un aventón a mi casa?
-Ando en camión.
-Pues ya hay que irnos, ¿todavía alcanzamos el Chapala Mina San Daniel?

Tengo la ligera sospecha de que hay pocos asistentes que sí ven las obras, se detienen varios minutos ante una de ellas, y más o menos se dejan conmover.

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Una respuesta básica, muy justa, es decir que sirven para dar a conocer la obra de un autor, en un sentido noble.

En mi caso ya conocía en cierta medida a Márgara Garza, Paty Hernández, Miguel Canseco, Oswaldo Luévanos –aclaro que no he tenido el gusto de tratarlos, pero sí de haber visto su obra en diferentes ocasiones- y al gran archi arquitectazo Gustavo Montes –a quien sí conozco.

De los demás artistas no conocía mucho. Es más, casi nada. Este es un acuse de ignorancia que pienso resolver a su debido tiempo ya que sí logré interesarme en su obra.

Resumiendo este punto, sí hay una promoción. Al menos funcionó conmigo. En efecto, yo no soy nada y del polvo nací. No obstante, miren… mal que bien aquí está un posible espectador, -y un posible comprador. En este punto les aviso que me tardaré un tiempo relativamente largo.

Otra impresión: la cantidad de escritores –poetas, novelistas, dramaturgos, cuentistas, ensayistas- presentes en las inauguraciones de artes visuales, es directamente proporcional a la cantidad de Itacatianos adyacentes a la mesa de canapés, o sea no más de cuatro personas.

De hecho, coinciden en el tiempo y espacio con los Itacatianos revoloteando sobre las mesas de comida. Nunca los he visto pelear por un chile relleno de queso crema, pero no me extrañaría si sucediera.

Pero ese no es el tema de mi impresión, sino el siguiente: los artistas visuales tienen amistad con escritores, pero éstos no han ensayado sobre su obra. ¿O acaso me equivoco? Puedo equivocarme, por supuesto. Es cuestión de revisar.

Más allá de las reseñas periodísticas, que por lo general reproducen lo que se les manda, ¿cuáles otros comentarios hay sobre la obra de cualquier artista visual?

Los escritores versamos sobre música, sobre la laguneridad, sobre una hormiga, pero no hay un tratamiento sobre la pintura lagunera, o sobre los pintores laguneros, o una especie de sistematización cronológica, ni mucho menos un ensayo en forma que intente decir quién de nuestros pintores es o no un artista contemporáneo.

Todavía no he encontrado –porque no ha buscado con afán- a un autor que funcione como un puente entre la obra y el público, así como lo intentan ser entre la literatura y sus lectores.

Ha de ser por “la calor” –como dicen en el rancho-, o ha de ser porque la empresa no es fácil de lograr. Implica el desarrollo de un marco histórico, algunos estudios sobre arte, terminar la preparatoria, estudiar y estudiar a quien comente, escribir y que se entienda.

La última de mis impresiones proviene de los siguientes cálculos: 22 artistas plásticos, más 57 piezas –según el catálogo-, más un catálogo cuyo tiraje se ignora –no lo pusieron en el mismo-, más el servicio de catering, más todo aquello que implica hacer publicidad… me da como resultado la suma de grandes esfuerzos.

Por lo visto, Galería Juárez 2525 se puso guapa con la elaboración del catálogo. Supongo que la Dirección de Cultura Municipal hizo algo. Salta a la vista el hecho de que la ULSA –junto con Galería Juárez 2525- se aventó el flete de convocar, organizar y poner el lugar. Se vio una organización digna de cualquier borrachera improvisada. Lo digo porque, ya ven cómo salen chingonas las pedas que se arman en un santiamén.

Volviendo al tema, dije que era la suma de grandes esfuerzos. Grande en términos cuantitativos, no necesariamente en cualitativos.

Es decir, varias voluntades se unieron para concretar un proyecto. Éste mismo se puede poner a prueba de la siguiente manera: ¿es la mejor exposición que se ha realizado en la Comarca Lagunera?, ¿de ella se han desprendido talleres, escuelas, la carrera de artes plásticas?, ¿se ha contagiado más personas del virus de la pintura?

No lo sabemos. Pero no creo que esa sea la intención de la ULSA y de los demás organizadores. Más bien, este proyecto queda en eso, en la realización de un proyecto. No veo necesidad de ir más allá. Luego esas intenciones hiperbólicas no se cumplen, como con el dichoso Primer Festival Internacional de Escultura en Piedra, del que ya hablé anteriormente. Por cierto, en ULSA se encuentra una de esas esculturas. La vi a lo lejos y envuelto en la oscuridad de la noche. Qué bueno.

Me permito consignar el objetivo de la convocatoria que todavía se puede consultar en la página de internet de ULSA: “Esta convocatoria busca crear un espacio permanente que sea susceptible de exposiciones temporales con la finalidad de consolidar el trabajo artístico que a lo largo de los últimos años han venido desarrollando la gran comunidad de artistas plásticos, en cuanto a arte contemporáneo regional se refiere”.
Así que las intenciones están centradas en este lugar llamado tierra. Y un poco en el cielo, por la educación que proporciona la ULSA –las misiones, formación de valores, etc.

A mí me cae a toda madre la ULSA. En ella laboran grandes amigos, ha educado a gran parte de los gomezpalatinos, se comenta que su nivel académico es alto, y mantiene un interés en la formación cultural –la cual no está exenta de cuestionamientos, en particular a su incipiente licenciatura en música, lo mismo que en la UA de C en lo referente a su licenciatura en artes escénicas, porque son de reciente aparición, y todavía no podemos esperar un verdadero músico o un verdadero actor.

Por lo tanto, que la ULSA haya realizado el proyecto “Del desierto surge la belleza”, tiene como resultante la virtud de ser un proyecto más, sobre todo si nos abstraemos de la actitud chaira que lo vería como una llamarada de petate, y si nos concentramos en la posibilidad de que sea una parte del todo, es decir un eslabón en la cadena de desarrollo cultural de la región.

Ignacio Garibaldy

Ignacio Garibaldy

Licenciado en Filosofía. Dramaturgo egresado del diplomado en creación literaria de la Escuela de Escritores de la Laguna. Becario del FECAC en la categoría de jóvenes creadores (2006-2007). Autor de Tres tristes vírgenes (U.A. de C. Siglo XXI. Escritores Coahuilenses. Cuarta Serie. 2011). Ganador del Premio Nacional de Dramaturgia de obra de teatro para niños, niñas y jóvenes Perla Szchumacher 2022 por la obra La voz de la tierra roja.